Como cliente se denomina coloquialmente al cliente de una trabajadora o trabajador sexual. La etimología proviene del alto alemán medio "vrîen" (ofrecer, solicitar). En el discurso profesional se habla cada vez más de "clientes" o "pacientes".
En Suiza, la utilización de servicios sexuales por parte de adultos que trabajan en la sexoservicio de manera voluntaria no es un delito. El cliente solo comete un delito si solicita servicios de menores de edad (Art. 196 StGB) o de personas en una situación de coerción evidente (víctimas de trata de personas, Art. 182 StGB) — incluso si solo acepta la situación de coerción.
A nivel político, se ha discutido durante años si Suiza debería adoptar el Modelo Nórdico (prohibición de la compra de sexo), que criminaliza de manera general la compra de servicios sexuales. Las asociaciones de trabajadores sexuales (ProCoRe, Aspasie) se oponen a ello — ya que desplazaría la industria a la ilegalidad.